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Masía de Cucalón
A 15 km. de la Villa de Altura, es una construcción con solera de origen
medieval, que formo parte del entramado de Masías ubicadas en el marco de actuación de
la Cartuja de Vall de Crist, siendo en tiempos muy apreciados los productos agrícolas y
ganaderos que en sus tierras se criaban y cultivaban. Conserva su estructura original en
un entorno de gran valor ecológico y etnológico.

Camino de la Murta, y transcurriendo por
ella, llegaremos a la Masía de Cucalón.
El origen de esta masía es más antiguo que el de
la propia Cartuja de Valldecristo. Incluyendo entre sus
estancias una Capilla.
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Perteneció a un caballero de Calatayud, llamado
D. Fernando Gonzalo de Azagra, cuyos albaceas la vendieron en 1378.
El amojonamiento en 1406 de su dehesa y boalaje,
nos habla de la importancia que tenia el ganado ovino en aquella época, aplicándose
posteriormente la pena de monta y degüella a todo animal no perteneciente a Vall de
Crist, como se demuestra en una sentencia datada en 1618.
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| El 6 de Julio de 1539 pasa a ser otra posesión
más de la Cartuja tras la compra a Fco. Cucalón, de la que toma el nombre que hasta hoy
nos ha llegado.
De esta época datan parte de la casa, las bodegas, y el lagar que
todavía hoy existen.
Esta masía es un claro ejemplo de las masías fortificadas de la
región. En esta son perfectamente apreciables las aspilleras abiertas para el uso de
fuego fusilero.
La cerca de los primeros campos se empezó a construir en 1596,
costando a la Cartuja cada 8 palmos de alto por 8 de ancho, 8 sueldos. |
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Durante los cerca de tres siglos de pertenencia
cartujana, su producción se basó fundamentalmente de explotación ganadera y el cultivo
de cereales, olivos y vid, introducida esta ultima por ellos y de la que llegaron a
obtener en 1776, 10.603 cántaros de vino (unos 120.000 litros).
Cuando llega la expropiación del Estado (desamortización de
1835), la masía pasa a manos de un General que posteriormente la vende a un señor
apellidado Cerveró, la nieta del cual es la actual propietaria. |
Hasta hace unos años, la actividad en sus tierras
seguían contando con importancia, aunque no como la de antaño, pero daba a trabajo a
varias decenas de personas. Hoy en día, el propietario aprovecha el trull, lagar y la
bodega pequeña para fabricar un vino con la vid recogida de los pocos viñedos que
quedan. Las otras dos bodegas se encuentran muy deterioradas, la grande, menos deteriorada
que la otra, conserva todavía su majestuosidad, e impresiona la capacidad de sus botas,
realizadas de madera de roble español sin nudos, la mayoría de ellas en lamentable
estado de conservación, y la bodega mediana, que se encuentra en pésimo estado de
conservación.
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Colindante a esta masía, era la Masía, hoy Corrales
de Mosén Jayme. El más antiguo de sus propietarios conocido fue Gonzalo Sánchez de
Azagra, vecino de Calatayud. En 1391, tras varias vicisitudes, fue comprada por el
segorbino Juan Cucalón, pero las deudas contradigas por este, determinaron que los
Jurados de Altura, la sacaran a pública subasta, donde la adquirió Cecilia Valero,
esposa del alturano Francisco Pérez. Por cesión testamental, dicha señora lega la
masía a Mosén Jayme Andreu, Vicario Perpetuo de la Villa de Altura, de quien toma
nombre. Finalmente, el 11 de Mayo de 1462, dicha masía junto con su castillo, son donadas
por este sacerdote a la Cartuja, haciendo constar en el testamento, que esta no podría
venderla jamás.
Sus tierras se utilizaron básicamente como zona
de pasto para el ganado, que desde 1406 tuvo una dehesa amojonada, que al igual que en el
caso de la de Cucalón, primero se aplicó la pena de 5 sueldos, y posteriormente, tras la
adquisición monástica, la pena de monta y degüella, a todo ganado ajeno a la propiedad
conventual.
Esta Masía de Mosén Jayme,
lindaba además de con la Masía de Cucalón, con tierras de Juan Sala, con otra pequeña
Masía llamada entonces Azaribas, o de la Murta, y con la Fuente
de la Murta.
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