MARCO
INCOMPARABLE:
"Al
principio... Dios creó, creó y creó, hasta que, finalmente, se recreó en Altura:
Con sus gentes:
gallardas y sencillas; hidalgas y solidarias; laboriosas y extrovertidas.
Con su
historia: remota y reciente, de la mano de la Cartuja y de la Cueva Santa.
Con sus
costumbres: de aire levantino, por momentos mañico; pero únicas e inimitables.
Con su habla
peculiar: inconfundible por estos lares.
Con su
particular enclave geográfico: a caballo del Palancia y de la Calderona; encrucijada de
caminos entre la huerta y el altiplano.
Y con sus
pintorescos y emblemáticos parajes: de agreste orografía; salteados por majestuosas
montañas y profundos barrancos; sazonados de aceite de oliva; salpicados de algarrobos y
almendros; perfumados y animados por la flora y por la fauna del terreno; policromados por
un sinfín de elementos abióticos y antrópicos que los caracterizan, y vivificados,
todos ellos, por innumerables fuentes que manan de sus abruptas entrañas.
Pese a todo, el
Creador no reparó en una vital y trascendental cuestión: dejó sin delimitar tan
dilatado y vasto territorio.
La historia se ha
encargado de subsanar el error y, con ello, de legarnos uno de los términos municipales
más extensos de la provincia de Castellón.
Para dar
testimonio del sentimiento de propiedad y de pertenencia, y para evitar más de un
conflicto (aunque todavía persiste alguno que otro), se hace necesaria la figura del MOJÓN.
Amén".
CALDO DE
CULTIVO:
En sus albores,
allá por el año 1998, un grupo de entusiastas alturanos, decide emprender una
expedición, a pie, por los confines de su término municipal, de mojón en mojón.

La idea surge,
como surgen las grandes ideas, después de concienzudas reflexiones, al amor de una mesa
repleta de cervezas y de tapas variadas.
Primigeniamente,
el caos fue predominante; pero, poco a poco, y debido a multitud de reacciones
químico-etílicas, los elementos más simples se fueron organizando y tornando más
complejos, hasta adquirir rango de estructura orgánica y autogestionaria: la idea toma
cuerpo, está viva y camina sola.
Su plasmación
tiene lugar en el mes de mayo, y cuenta con el inestimable concurso de cuatro nobles y
recias bestias y de un sofisticadísimo equipo de apoyo y avituallamiento.

Ante los
positivos resultados, el grupo da un segundo paso y, en agosto del mismo año, concluye,
también, con notable éxito, la ruta de la antigua vía minera, desde Ojos Negros, a pie
de mina, hasta Altura; esta vez en bicicleta.
Al siguiente año
la propuesta es visitar, paso a paso, las masías más notables de nuestro entorno rural.
Previamente a
esta visita, se lleva a cabo la matanza de un cerdo ibérico en las dependencias de la
masía de Rivas, y se elaboran, artesanalmente, todo tipo de suculentas viandas, que el
grupo se ha ido encargando de devorar con sumo placer y deleite.
Ya en el año
2000, en julio, y para dar validez a la primera, la "Agrupación Amigos del
Mojón" (legalmente constituida como asociación de
carácter cultural), completa una segunda expedición alrededor del término. En
ella se pone de manifiesto el talante receptivo de la asociación, con diversas altas y
bajas en el grupo y, que no es preciso tener una buena condición física, sino, ganas de
pasarlo bien y de conocer y reconocer la amplitud y vastedad de nuestro rico entorno
natural.
Estas actividades
han servido, tanto para consolidar el proyecto, como para reforzar los vínculos que unen
al grupo.
Ser
miembro activo, simpatizar con la agrupación o compartir sus ideas, supone:
Conocer,
valorar y respetar el entorno natural que nos rodea.
Espíritu
aventurero.
Ganas
de pasarlo bien.
Rodearse
y ampliar el cupo de amistades.
Buscar
y proponer alternativas para diversificar el ocio.
Compartir
experiencias diversas de carácter cultural.
Colaborar
con otras asociaciones y agrupaciones en temas análogos.
Etc.
En
estos momentos, la asociación baraja distintas ideas en las que se contemplan actividades
relacionadas con la flora, con la fauna, con la micología, con los manantiales y las
fuentes, con los senderos, etc., y, como no, con el acondicionamiento y numeración de
nuestros idiosincrásicos monolitos, que configuran y diversifican el panorama
geopolítico que nos envuelve y nos proporciona las señas de identidad necesarias para
integrarnos en este mundo tan complejo y variopinto.
Pese a
todo ello, desde este marco, no se considera al mojón como un elemento fronterizo que
sirva para generar barreras, tanto físicas, como de otro índole.